Comparando el tratamiento de la hepatitis C en los sistemas públicos de la salud de Brasil y de Egipto
Comparamos el número de pacientes en tratamiento de la hepatitis C en Brasil y Egipto por se tratar de dos países en desarrollo, resaltando que Egipto es todavía más pobre que Brasil. Los números comparativos sirven para evaluar las acciones que están siendo desarrolladas en cada país y los resultados logrados. Las estrategias de enfrentamiento de la epidemia son diferentes, mostrando que también es preciso comprometimiento y voluntad política para lograr resultados que beneficien la población.
Brasil, con una población de 192 millones realizó en los últimos 10 años por el sistema público de salud aproximadamente 75.000 tratamientos en la hepatitis C. En 2010 deberán ser realizados 10.500 tratamientos en la hepatitis C.
Egipto, con una población de 82 millones realizó en los últimos 5 años por el sistema público de salud aproximadamente 100.000 tratamientos en la hepatitis C. En 2010 deberán ser realizados 24.000 tratamientos en la hepatitis C.
Es interesante comparar el número de habitantes con el número de tratamientos ofrecidos a la población en 2010. Se observa que en la totalidad de la población del Brasil, 1 en cada 18.285 brasileños posee oportunidad para recibir actualmente el tratamiento de la hepatitis C. En Egipto la posibilidad de recibir el tratamiento para el total de la población es de 1 en cada 3.416 habitantes.
Podemos nos preguntar por qué Egipto consigue tratar proporcionalmente cinco veces más que Brasil. La respuesta incluye dos factores. El primer factor importante es que el gobierno de Egipto consideró ser la epidemia de hepatitis C un problema nacional de salud pública, creando un departamento a nivel de ministerio para cuidar pura y exclusivamente de la hepatitis C, totalmente desvinculado de cualquier otra enfermedad, incluso de la hepatitis B. Segundo, quien desee se tratar de forma particular y posee recursos puede comprar el interferón pegilado subvencionado por el gobierno, pagando solamente 82.- dólares por cada ampolla de interferón pegilado.
Brasil posee un programa nacional de hepatitis virales criado en 2002. Desde el año pasado incorporado al Departamento DST/SIDA, con lo cual mudo el nombre para Departamento DST/SIDA/Hepatitis, pero muy poco mudó para la hepatitis C en los primeros 12 meses de la incorporación.
Expertos y sociedad civil aprueban y aplauden la incorporación de la hepatitis B a un programa de enfermedades sexualmente trasmisibles, pues la principal forma de transmisión de la hepatitis B es la sexual. Siendo así las campañas de prevención y educación sirven de forma igual para todas las DSTs. En la hepatitis B aún existe la vacunación. El acompañamiento y tratamiento de un portador de hepatitis B es muy semejante con el tratamiento del SIDA, estando cualquier médico que trata el SIDA capacitado para el tratamiento de la hepatitis B. Podemos decir que son enfermedades muy parecidas en la forma de transmisión, acompañamiento y tratamiento, así, es correcto que estén coordenadas por el mismo departamento del ministerio de la salud.
Pero las criticas con relación a haber colocado la hepatitis C a los cuidados de un departamento que cuida de las DST aumentan a cada día. Muchos son los motivos, entre ellos se destacan:
1 - La hepatitis C no es una enfermedad sexualmente transmisible (raramente puede acontecer el contagio en la relación sexual);
2 – El tratamiento de la hepatitis C es mucho más complejo que el tratamiento de la hepatitis B o del SIDA, debido a los efectos secundarios y adversos de los medicamentos. El número de consultas, la cantidad de pruebas de laboratorio y el tiempo que el médico debe dar al paciente son mayores;
3 – Es estimado que existan aproximadamente 3,5 millones de brasileños infectados con hepatitis C (95% aún no saben por falta de diagnostico), un número seis veces mayor que los infectados con HIV/SIDA y dos veces mayor que los infectados con hepatitis B. El tamaño de la epidemia debería “despertar” el gobierno para de vez por todas pensar en crear un departamento propio y especifico para cuidar de la estrategia de enfrentamiento de la hepatitis C en Brasil, antes que sea demasiado tarde para tomar tal iniciativa.
Algunos podrán considerar la comparación como una critica, pero ése no es el objetivo. Espero que los responsables por la salud pública de Brasil comprendan el texto como un alerta para que la mayor epidemia que existe en Brasil pase a tener el cuidado y atención que realmente merece, volviéndose una acción estratégica en los planes del gobierno federal.
Carlos Varaldo

